Mis Escritos

Mis escritos

son gratutitos

copia y pega

y ya está.

Los derechos de autor son demasiado caros

son la excusa del depredador

para hacer dinero fácil

a costa del escritor.

Por eso prefiero confiar

en que se reconocerá mi autoría.

Por eso, yo regalo mi trabajo

siempre que reconozcan mi autoría...

Copia y pega y es todo tuyo,

con mi nombre en el final.

Gracias

Amor

AMOR NO ES ALGO QUE SENTIMOS
AMOR ES TODO LO QUE SOMOS

Experiencias

No somos el resultado de la suma de nuestras experiencias,
sino que somos lo que hacemos con ellas

Poetas

Somos los forjadores de nueva trascendencia
somos los generadores de nuevas realidades
somos los malabaristas en la cuerda floja
tratando de preservar el equilibrio de la vida
somos pues; en tres palabras:
CREADORES DE CONSCIENCIAS

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martes, 8 de enero de 2008

Concubinato. (soneto tridecasílabo)

Concubinato que me esperas en la esquina,
eres conato de cuitas y de alegrías,
eres el sueño que amortaja fantasías,
eres la piedra que apabulla al que camina.

Concubinato que se aleja y se avecina
como un tornado que se viste de agonías
y furibundo, nos esgrime sus manías,
casi alentando la celada que asesina.

Sobre tu seno me desangro, consecuente.
Sobre tu pubis es que exploto, caigo y muero;
soy concubino, fatuo ardor, mal oyente

y soy tu esclavo, entregado en alma y cuero.
Tú eres mi dueña, ligada a mi de por vida
y a esta leyenda, que silente está dormida.

lunes, 7 de enero de 2008

Yo cerrero, tú sifrina.

Yo cerrero, tú sifrina;
y la vida que se empina
hacia otra encrucijada
por amores dibujada.

Tú sifrina, yo cerrero;
por eso hablo yo primero,
tú me callas con un beso
que me deja como tieso.

Ya me dicen ceniciento
por tus aires de princesa,
mi querida golosina.

Forjaremos el cimiento
de una vida de realeza,
si esta historia se encamina.

Yo cerrero, tú sifrina...

Vigilia de caricias.

Te vigilo con la expectativa
de acariciar tus finos cabellos,
de arrebolar tu rostro goloso,
y de borbollar la blonda breña
que yace en la zapa de tu vientre.

Joyero soy de tus fantasías
por obra y gracia de adustos celos,
nunca la lesura fue tan agria,
jamás la justedad tan ausente.

Barroteado yace mi deseo,
inutilizado, lastimado,
inerme, álgido y represado,
a la espera de una tonta bomba
que incauta, salga de su trinchera

y desintegre la alta muralla
que construimos ambos, verbalmente
y solamente a mí, me aprisiona.

Un beso algo salado.

Atravieso puertas dimensiónales
en un albor transparente y luminoso
ante tu deslumbrar fogoso
y tus caricias pasionales.

Estallo en un mar de sentimientos
y celo para mi todo tu encanto
ante tu mirada de aspavientos
y tus susurros y tu canto.

A veces, ¡es verdad!, surgen tormentos
que cubren nuestro amor con llanto,
A veces, ¡es verdad!, surgen lamentos
que velan nuestro amor con un manto...

Pero de pronto siento
tu palpitar acompasado,
y se transforma en pasado
todo árido momento.

Con un beso algo salado...

Tus senos.

Cotidianamente recuerdo las dunas
de tus hermosos senos.
Senos que son plegaria
magia e ilusión,
senos que son canción
de encantos hechiceros,
senos que son pasión
y también son consuelo.

Y cuando regreso al hogar
me festejan, me celebran
diariamente
tus maravillosos senos.

Tus labios.

En el ocaso ensangrentado
de la tarde caribeña,
dos montañas incendiadas
se besan...

Así nacen tus labios.


Fuego sobre fuego,
llama contra llama.
Ósculo encendido
que ilumina las obscuridades de mi alma.

Por ti ardería hasta las cenizas,
y aun más allá.

En el ocaso incinerado
de la tarde tropical,
dos montañas apasionadas
se abrazan...

Así nacen tus labios.

Tu sombra es una diosa (poema en liras)

Mi esencia es una fosa
queriendo transformarse en una risa,
mi sueño es una losa
que tiene mucha prisa
buscando lapidar una premisa.

Tu sombra es una diosa
vaciada sobre el molde de una misa,
cantándome una glosa
traída por la brisa
y atada a las saetas de Artemisa.

En tu mirada vasta
percibo este deseo que me hechiza
y se levanta el asta
al ver como se atiza
la rosa dibujada en tu sonrisa.

La sangre me borbota
fluyendo en la pasión que atemoriza;
es la esperanza rota
izada por la driza
que como verga nuda se agiliza.

Llameante es el deseo
que salta como trino alzando el vuelo,
porque en tus ojos veo
un sol quitado al cielo,
incienso, oro, mirra y mi desvelo.

Flagrante es la emoción,
se enciende como antorcha en una gruta,
como una sensación
plasmada en la viruta
que llevo en mis adentros como ruta.

Despiertas mi ansiedad
desnuda como dea del Parnaso;
y digo la verdad,
que; de tu cuerpo acaso,
confórmome con un distante abrazo.

Tu candor.

Desde el fondo del océano
una fosa de negror
se levanta, se revuelca
sobre el agua, viendo el sol.

Ya no es fosa, ahora es isla
ya no es negra, su verdor
es floreado, con un toque
de la fauna derredor.

Desde el ras del mar azul
una isla de verdor
se levanta, se remonta
hacia el cielo, viendo al sol.

Ya no es isla, es montaña
ya no es verde, su blancor
es nevado, con un brillo
de aguanieve de color.

Desde el tope de los cielos
una cima de blancor
se levanta, se dispara
hacia el cosmos, viendo al sol.

Ya no es cima, es estrella
ya no es blanca, su fulgor
es candente, con un soplo
de matiz multicolor.

Desde lo alto, desde el cosmos
una estrella de fulgor
nos alegra, nos alumbra
calentando nuestro amor.

Cada noche en tus ojos
yo disfruto su esplendor
y la estrella ruboriza
transformándose en candor.

Tu alegría.

Tu alegría
es el brillo de mi día,
es el sol de mis mañanas,
es rocío en mis ventanas.

Tu sonrisa
es el soplo de la brisa,
es la fábula grandiosa,
es el sueño de una diosa.

La consigna es vivir.

Supongo que habrá otros soles
a deslumbrar tu dolor,
haciendo de tu tristeza
otro cántico de amor.
No mires hacia el pasado
disfruta del porvenir
que lo pasado pisado
y la consigna es ¡VIVIR!...

Sueña.

Soñando sueños de ensueño
y haciéndome único dueño,
de tu amor esperanzado
jamás y nunca alienado.

Sueña con la vida glamorosa
que te espera en la vera prodigiosa ,
en que gozas el goce de un momento,
que eterniza valiente al firmamento,

sueña con mis sueños de cascada,
sueña con mis sueños de vereda,
sueña con la magia de la veda,
sueña con caricia codiciada.

Sueña que todavía eres mi amada
aunque el viento no te lleve mi recuerdo,
sueña con el cauce con que muerdo
el silencio de tu copla enamorada.

Sueña con la brasa de mi boca,
con la brisa de un verso apasionado,
sueña con el ansia que provoca
tu deseo a mi cuerpo flagelado.

Sueña con mis sueños palpitantes
que buscan tus deseos tan distantes.

Soy como un perro.

Soy como un perro malherido;
cada vez que te acercas a curarme
(te ataco, te agredo te muerdo),
pero es que me siento agredido
aunque sólo vienes a auxiliarme.

Te ruego me disculpes; vida mía,
si mancho con mi afrenta, tu alegría.
No cejes en tu intento de ayudarme;
no abandones a este cruel gendarme

Soneto al amor.

Ecuórea fantasía de pleamares,
en tus versos que el piélago recita,
revive la pasión que en ti palpita
la suave calidez de tus cantares.

En todos los auténticos lugares
en que este corazón se precipita,
encuentro la emoción que nos invita
la lluvia de ilusiones singulares.

Y es que aunque me rodeen brazos tiernos
no creo ya en edenes ni en infiernos,
ni creo en las tinieblas del olvido.

Sí creo en el dolor que ha corrompido
con llanto de camelias y de rosas
la furia de claveles y de fosas.

Sol de la montaña.

Sol de la Montaña, sombra de los pinos,
recuerdos ancestrales invocan mis caminos.
En ti hallé palabra para mi furia entera,
en ti el molde estaba de mi poesía sincera.

No quiero ni decirte, oh Sol de la Montaña,

en todos estos años las veces que escribí
el viaje de retorno a la odisea de plata
que estática en el tiempo un día recorrí.

En todos mis cuadernos escritos y no escritos

encuentro un rayo tuyo, brillando sin demora,
deseos fugitivos que no han sido proscritos
regresan del pasado con velocidad luz
buscando ese momento, buscando esa hora
en donde el firmamento me erradicó tu luz.

Yarima inquietada, Yarima alentadora

ayer candor de niña, hoy llama de señora,
tu sensatez madura, tus ansias de mujer,
hicieron de mi vida un verso en el ayer.
Se hacinan los helechos, se enciende nueva aurora
y es que entre verso y verso te vuelvo yo a querer.

Ya no será el ardor, pasión que al cielo guiña

o nieve derretida en el seno de una hoguera,
ni estelas de cometas, ni nubes pasajeras,
ya no será el calor de aquella fiel quimera
que no dejó el ayer;
sino este resplandor; locuaz y elocuente,
de una amistad sincera y ajena de la gente
de una amistad inmensa, eterna en el querer
que no vence la muerte ni lo que pudo ser.

Es mucho más candente, es mucho más profundo,

el sentimiento éste que el sentimiento aquel.
Por eso hoy Yarima me olvido de este mundo
y pleno de silencios te vuelvo yo a querer.

Si llegara a besarte primero

Piel de seda, ojos de cordero,
si llegara a besarte primero
devuélveme la primavera...
No, mejor no, mejor espera...

Mejor entrégame el verano
y tomándome de la mano,
llévame lejos, lo prefiero,
si llegara a besarte primero.

Llévame, mi cándida bella
más allá de toda estrella,
más allá de todo verso,
más allá del universo,
a la morada de Dios...

vamos juntos los dos.

Reto aceptado.

Me atrevo hacendoso, palpando el futuro,
pues pongo mi mano en tu seno desnudo
pues pongo mis ojos en tu piel de seda
pues pongo mi andanza en tu fiel vereda.


Tu reto yo acepto, querida poetisa
pues solo por ti, la piel se me eriza,
te sueño despierto, y observo una diosa,
ecuórea sirena, doncella preciosa.
Te busco en los lares del limbo brioso
con aires de viento, algo indecoroso,
te busco en las tierras que son imposibles
hiriéndome; alegre, de besos creíbles.

Dejando al pasado borrar los recuerdos,
seamos sinceros, seamos más cuerdos;
dejemos la angustia, el tormento, el dolor
caer genuflexos ante nuestro amor.

Que sea el silencio, el gran estandarte;
blandiéndole al viento los besos del arte:
del arte de amarnos, del arte de amarte.
¡Con besos de estruendo, yo quiero poblarte

Renunciando he renunciado.

Gota
a
gota,
miel
se agota
en mis labios,
por agravios
de tu boca.

Duna
a
duna,
mal
se acunan
en mis brazos
esos trazos
de tu grieta.

Ola
a
ola,
cual
moviola
esta historia
ya es memoria
del pasado.

Renunciando,
he renunciado
a tu amor
y a mi pasado.

Y este cuento se ha acabado...

Otra historia de amor.

PRELUDIO


Acordes citoplasmáticos
de ósmosis variadas;
las musas extremadas
le cantan a los áticos.


Con color de ribosomas
te desnudaste insegura;
acuerdo de la cultura
condena de los axiomas.


Con la fragancia cambiante
de tus vergeles extraños,
me dibujaste los años
de poeta y comediante.


Y viéndote paradisíaca
conquista del infinito;
beso a beso, mito a mito
amé la demoníaca
amplitud de tu detrito.


Epílogo


Y como toda perla surge de la inmundicia,
y como toda rosa pincha con sus espinas,
me instalé en tus enaguas, recorridas tus colinas;
y con fervor inmenso sembré en ti mi caricia.


Como pájaro en vuelo buscando un lugar
donde construir su nido, te rodeé con mis brazos;
y apoyando mi rostro en tus suaves abrazos
en tus sueños alegres me propuse anidar.


Pero a veces el viento que golpea inclemente,
hasta el roble robusto desarraiga del suelo,
y tus sueños alegres trastocaron en duelo
por un tonto desplante de mi culpa inconsciente.


¡Cómo añoro las odas de nieve y de venado!
¡Cómo extraño tus ojos, tu agraciada sonrisa
y ese canto de musa que jamás tiene prisa
aunque el viento alisio se transforme en tornado!

Nuestro amor se nos derrite.

Nuestro amor se nos derrite
cual si fuera una pálida imagen en un cuadro de Dalí;
porque sí.
¿Y por qué no?

Nuestro amor se nos retuerce
cual si fuera un fotónico rayo de luz cayendo en un agujero negro;
ya que si...
¡mejor no!

Nuestro amor se nos desplaza
cual si fuera una piedrita plana saltando sobre charcos;
ateridos,
friolentos.

¡Nuestro amor se deteriora!

Amor, nuestro amor se desintegra
en cuantos de energía punto cero;
y cero es exactamente
nuestra calificación
por amarnos tan neciamente,
como entre desechos nucleares.
Si nos viera la maestra
mínimo nos daría un reglazo
en la palma de la mano.

¡Qué vergüenza!

No cuentes aún mis canas.

Mujer de llama y alas
mujer de ala y greda
no cuentes aún mis canas
como piedra sobre piedra
.


Candor de rosa marchita
fulgor de estela dorada,
como furia presagiada
al verte, mi alma se agita
y mi corazón palpita
como rodeado de balas
cada vez que me acicalas.
Es que mi cuerpo crepita
al ver tu cara bonita
mujer de llama y alas.


No calmes tu sed en el río
ni sacies tu hambre en el fruto,
yo te doy pasión y luto
yo te doy calor y frío,
y te doy todo lo mío.
Yo te espero en la vereda
recubierta con la seda
y el candor de tus enaguas,
nadaremos en sus aguas
mujer de ala y greda.


Volaremos hacia el cielo
cabalgando una centella,
alcanzando las estrellas
y rasgando el azul velo
con cuchilla de tu pelo.
Libraremos nuestras ganas
aclarando las mañanas.
Mas no armes las querellas
por las cosas no tan bellas:
no cuentes aún mis canas.


No enciendas las batallas
que todavía es temprano
para alzarnos la mano
lidiando como canallas.
Te estás cubriendo de vallas
te estás llenando de hiedra
con ese temor que medra
la mentira, la cizaña
porque mi amor nunca engaña
como piedra sobre piedra.

Navegándote.

Con bejucos y una flor de cayena
me construiré un buen par de piraguas,
para navegar en las rubias aguas
de tu grácil y fastuosa melena.

En tus labios me serviré la cena,
sobre tus senos me haré el desayuno,
de tu pubis comeré cual ninguno
que haya probado la miel de colmena.

Y viajaré más allá de tus sienes,
aguerrido, ondulante y deseoso
de atracar en tus puertos coralinos.

Disfrutaré de tus suaves vaivenes
como osado bucanero glorioso
que encuentra su suerte en lares marinos.

Miradas almizcleras.

Miradas
perfumadas
me sitian desde tus ojos almizcleros.

Belleza planetaria que juegas con mis esmeros,
como satélites exclusivos orbitando tus anhelos,
derribas fortalezas;
-mis labios son tus presas-
destruyes atalayas
y todas las murallas
que hubiere levantado
para nunca más estar enamorado.

Me rindo, me has conquistado...

Las rápidas.

Caminando río abajo,
desaté el sufrimiento
de las entrañas de la tierra
con la mirada clandestina y el aliento
mañanero de la sierra.

Creí volver a los retoños
del audaz otoño europeo,
creí que el árbol arrasado y feo
de lastimadas raíces, era viento
que tomaba forma y color.

Por eso; cuando cansado me siento
sobre la roca desnuda,
observo el agua loca de las rápidas
y no me queda ya duda:
ése es mi ánimo rebelde,
ésa es mi alma prisionera en un cauce
que busca rebosarse de repente.

Y el mango ese que flota
es mi corazón que se alborota
dejándose arrastrar por tu ternura:

Fluimos en la misma locura.

Labios.

Labios desdibujados en la brisa;
como fábula devota y vedada,
retienen con su soplo tu sonrisa
que a mi alma quedará por siempre anclada.

Labios que regalan su caricia
a mi alma por siempre enamorada,
labios que llegan en bandada
de besos que se trocan en delicia.

Labios escondidos en la bruma
de un magnífico amanecer andino,
labios de diáfana y roja espuma,
de miel y de cayena y verde pino.

Labios azucarados con canela
buscando un romántico destino,
tu boca acantonada en mi camino:
mi amor embelesado se desvela.

En tu recuerdo mis labios,
en mi recuerdo los tuyos
patrones de mil arrullos,
y de tus besos más sabios.

La noche del Caribe.

En mis ojos, la noche del Caribe
se ha instalado con ansias de alta mar,
como viento queriendo retozar
con su oleaje, que apenas se percibe.

En tus ojos, los premios del Dorado
me impelen nuevamente a la aventura,
y te exploro, como ave que insegura
sobrevuela el picacho en que ha anidado.

En tus labios, tesoros de ultramar
me invitan nuevamente a ser pirata,
y tu cuerpo me alisto a navegar.

Te abrazo como si fueras de plata,
con briosas esperanzas de remar,
renovando mis sueños de zarpar
para atracar en tu alma tiernamente
día tras día... ¡cariñosamente!

La consigna es vivir.

Supongo que habrá otros mares
en que puedas navegar
y con luces de tu proa,
las tinieblas disipar.
Nunca pierdas la esperanza
pequeña criatura aterida,
permítete nueva andanza
hacia una nueva vida.

Supongo que habrá otros soles
a deslumbrar tu dolor,
haciendo de tu tristeza
otro cántico de amor.
No mires hacia el pasado
disfruta del porvenir
que lo pasado pisado
y la consigna es ¡vivir!...

Juego de amor.

La vida es un juego;
un juego bonito,
quien ama lo sabe,
quien goza lo vive.

Amores que juegan
con reglas de honor
son luces de gala,
son sueños de amor.

Y mi indiferencia
no es más que la ciencia
que busca clavarte
a un cuento de hadas.

Pudiera dejarte
volar cual falena
e irme a buscarte
en nueva faena.

Pudiera escapar
del odio que arrostras
pero son angostas
las calles del yugo.

Pudiera decirte
que al fin yo me voy
por siempre y siempre;
pero... aquí estoy

cincel en tu alma
es mi corazón,
tus dudas no existen,
les falta razón.

No juego contigo
sino con tu amor,
princesa, mi niña,
dame tu pasión,
retoza conmigo
como dos infantes
que es juego de amantes
éste, tu dolor.

Inventario

-¿Qué es lo que puede darle a mi abolengo
un infamante pobretón como usted?
preguntó su graciosísima merced
acerca de lo que tengo y no tengo.


Y hago inventario de mi posesión
para responderle a la bella dama,
porque quiero llevármela a la cama,
ganándome su altivo corazón.

Oiga: tengo un silencio eternizado
por golpes y embestidas del pasado;
y una rabia caprichosa,
y una furia poderosa,
y una vaga hostilidad
que pelea por la verdad,
y la rima clandestina
que se yergue concubina
de éste que es su poeta loco.
Lo sé, lo sé, todo esto aun es muy poco;
pero continuemos el inventario:

Tengo todo un corolario
de experiencias milagrosas,
tengo fragancia de rosas
poblando callosas manos,
tengo millardos de hermanos
cubriendo una geografía
de belleza y algarabía.


También tengo la poesía
que me enciende en alegría,
y tengo también la prosa;
recatada y escandalosa,
goteando; sobre mi vida,
ansimante y divertida.

Tengo sueños escondidos
debajo de mis almohadas,
y tengo el polvo de las hadas
para adornar tus vestidos.

Tengo noches estrelladas
cortejadas por la luna,
también tengo la fortuna
que es obsequio de las hadas.

Fantasías elegantes
acerca de fascinantes
universos paralelos,
tengo para tus anhelos.

Tengo rasgados los velos
de templos esclavizantes,
tengo un sinfín de amantes
en el Reino de los Cielos.

Tengo islotes de osadía
en mares de alba y aurora,
y tengo la mar bravía
que desde mi piel aflora.

Y tengo una cofradía
de sueños de fauna y flora,
y tengo la protectora
pasión que hacia ti me guía.

Tengo la rima risueña,
dulce, tierna, voluptuosa,
que; alzándose prestigiosa,
pretende que seas su dueña.

Tengo el soneto y la estancia,
tengo la lira y la glosa,
tengo pluma prodigiosa
que deja mucha ganancia.

Tengo joyas de esperanza
guardadas en el armario,
tengo todo un seminario
de música, baile y danza.

Y aun te tengo atesorados
sentimientos y emociones,
junto a un mar de sensaciones
y besos amelcochados.

Y todavía te tengo:
colinas reverdecidas
y caricias bendecidas
para tu alto abolengo.

Y si esto no te bastara,
te tengo el sueño dorado
de vivir siempre a tu lado,
que te pondré como tiara
para adornar tu cabeza,
cuando comas en mi mesa,
cuando duermas en mi cama,
cuando; de mi hogar, seas ama.

¿Viste lo muy rico que soy
aunque no tenga un centavo?
si quieres me hago tu esclavo:
todo lo que tengo te doy.



Horizonte

La mar inquieta, insidiosa y acechante,
coquetea con el caballero celeste
y lo besa tiernamente, en la frente.

Beso entre la mar y el cielo,
eterno, perpetuo, inextinguible.

La mar pícara, astuta y sigilosa
besa al juglar celeste
en la boca, con un beso húmedo, de lengua adentro.

Y así surge el horizonte
ósculo invencible entre la mar y el cielo,
instantánea perenne de Perfecto Amor.

Hermosa.

Entre las flores del alba, una gota de rocío
recogió su fresco aroma mañanero
y corrió rama abajo, era alto y hacía frió.

Esa gota, una esperanza de remero
que el océano escupió hacia el cielo
y que el cielo devolvió a su rió.

Esa gota, en ella pude ver
la simpleza de tu mágico ser
Hermosa, oye:
los grillos le cantan a la luna
y de noche ves brillar las espinas de una tuna.

Cuanta nostalgia hay encerrada en esa gota
que recuerda el desangrarse de una esperanza rota

En el alma hay una tuna y en la tuna hay una gota,
en mi cuarto hay una chica y una esperanza rota
¿Cuántas veces cae del cielo un amor acorralado?
¿Cuántas veces alza el vuelo un amor despedazado?

Glosilla del amor perdido.

¡Ayer me diste un "te quiero"!
hoy tú me das un lucero
que estuviera atado al cielo
y cubierto con un velo.


Tintinean campanillas
en mi recuerdo cerrero,
sobre un coral costanero
se desatan las hebillas
y se liman las rencillas.
Es un recuerdo velero
de sentimiento sincero;
fuiste sirena esmaltada
de mi piel enamorada:
¡Ayer me diste un "te quiero"!



Brillor y fulgor de rayo
tiene el coral costanero
con las ansias del remero
con la furia del caballo
y las ternuras de mayo.
Tengo pasión de romero
por aquel locuaz "te quiero"
Por tu mirar de soslayo
y los besos que me callo
hoy tú me das un lucero. 



Amor, quisiera entregarte
la aurora con su alboreo
junto a los versos del reo,
también quisiera besarte
y en los cabellos atarte
todas las lluvias que celo
en el descosido velo
que llevo por estandarte,
eres el sol y baluarte
que estuviera atado al cielo.



Pero las flores marchitan
bajo este sol azufrero
y las ansias del cordero
que mis baladas vomitan,
como ignorantes se agitan
hacia el cruento matadero,
inútilmente aquí espero
llorando triste mis cuitas
tu beso hecho de citas
y cubierto con un velo.

Glosilla de un enamorado.

En aguas lavo mis penas
como si fueran puñales,
con la sangre de mis venas
llenaré tus manantiales.



Si soy furioso caballo,
gladiador sobre la arena
es solo por la condena
que llevo como un soslayo;
cuál tormenta, trueno y rayo
atados a la melena.
Porque yo zurzo mis venas
como venado en el llano
y como potro alazano
en aguas lavo mis penas.




Arrojo mis sueños al viento
junto a pérfidas verdades;
a causa de las maldades
de odio casi reviento
destruyendo mi contento.
¿Que si somos animales
con instintos naturales?,
también somos muy sinceros
aunque lancemos "tequieros"
como si fueran puñales.




Si puedes borrar mi dolor
con sonrisa de verbena
y como traviesa falena
me regalas tu brillor,
me harás un gran favor.
Pero no evoques mis penas
restaurando las condenas
con ese llamado de amor.
Mejor llena tu esplendor
con la sangre de mis venas.



Tan solo requiero un beso
para dar a los juglares
tus glosas y tus cantares
y la rima de tu embelezo
sobre copas de cerezo.
Luciré en los arrabales
tus tesoros celestiales
y a la sombra de los pinos
con mis besos más divinos
llenaré tus manantiales.

Estoy

-¿En dónde estás?

Estoy en tu tristeza,
estoy en tu alegría,
yo soy la fantasía
que añora la proeza
de besarte los labios.

Perdona mis agravios,
disculpa mi osadía,
es que te quiero mía
con todo y tus resabios
que entiendo y que no entiendo.

Perdona si te ofendo
al rozar tu melena,
es que eres cual falena
que huye si pretendo
tan sólo acariciarla.

Tan sólo ilusionarla,
tan sólo si lo intento,
tan sólo si lo intento...

Eres firmamento.

Yo sé que eres joya,
silencio,
estallido de poemas,
yo sé que eres gruta,
misterio,
sombra de pinedas,
yo sé que eres aurora,
y luz y alba desatada.

Yo sé que eres fulgor,
pleamar,
y eterna llamarada.
Yo sé que eres princesa
sin cetro ni corona,
pero con el aroma
de flores de avanzada.

Yo sé que eres un sueño
de ángeles y cuentos,
y eres firmamento…
y eres firmamento.

El zoológico.

Un día aconteció algo simpático;
me llevé a mis hijos al zoológico,
tendrían tres y cuatro años. Cómico
resultó lo que allí pasó. Apático

caminé al lado de la jaula de aves
¡y sorpresa! cuando un loro dijo: ¡hola!.
Lo recuerdo como film en moviola;
como recuerda el náufrago las naves.

Los niños asidos a los barrotes
gritaban en graciosa algarabía,
como quién; pletórico de alegría
descubre que ha ganado muchos lotes

o ha visto nuevamente a un viejo amigo:
-¡Hola señor Loro!, ¡hola!, ¿cómo está?.
-Señor Loro, lorito, ¡este es mi papá!
le profesaban al loro; su amigo,
los infantes, su sacrosanta verdad
(¡Me dieron mis hijos tal felicidad!)

-¡Mi papá, jejejejeje mi papá!

Un padre orgulloso de sus dos hijos
y más orgulloso de ser su papá,
recuerda con nostalgia los alijos
de aquel día que ya nunca volverá.

El primer beso.

Un ósculo sereno y tendencioso
se acerca lentamente a mi mejilla;
fraguado como el filo de una hojilla,
me asecha; prepotente y sigiloso.

Se allega rutilante y cadencioso;
mientras tiemblo, con aires de carnada.
Soy yo, la débil presa desgarrada
por un amor que siento peligroso.

Me agito ante tu abrazo delicioso,
y lucho por mi vida ante tu beso,
como cobarde pez fuera del agua.

Al fin, me vence tu aire talentoso
y hundiéndome en el fondo de tu enagua
me entrego; finalmente, a tu embeleso.

El ánfora.

Tráeme el ánfora en que desborda el amor
dulce doncella de vivo rubor.
Tráeme el ánfora en que desborda la alegría
y lléname de fantasía
e ilusión

Corazón,
blinda mi alma con tus besos
entre arrabales y cerezos
y arde conmigo hasta la aurora
en esta pasión que aflora
a través de nuestras pieles:
Devoraré todas tus mieles.

El amor que nunca huye

Es la rosa, es su espina,
la que roza el dolor que se encamina
hacia orbes desahuciados
por neblinas y por nortes asustados.


Es la brisa, su tersura,
la que eriza el dolor que se acumula
como roca desgastada
desprendida de esta alma fracturada.


Es el beso, el muy travieso,
el que hiere este amor un tanto avieso,
diluido como implantes
entre engaños y desaires y despechos y desplantes.


Es la muerte, es su ciencia,
la que toca a las puertas de la vida sin paciencia
en señal de bienvenida
promoviendo con su ansiada y engañosa despedida
la partida, la partida.


Estampida
de silencios y de gritos estruendosos
atizando con sus gozos
el hogar de sentimientos ya morosos
desde antaño.


Es engaño, sólo engaño
esta bizca ilusión que retribuye
con tristezas al amor que nunca huye...

Diana matutina.

Despierta bebé, despierta
observa que ya es de día
ya se oye la algarabía
del mercado, tras la puerta.

La cotidiana alegría
de esta ciudad palpitante
te saluda cual comediante
buscando que alguien se ría.

Risueño bebé danzante
en tu cuna dando vueltas
ya no duermas, ya despierta

que la noche está menguando
y una aurora trepidante
se te acerca saludando.

Historia de amor

Bajo la estrellada bóveda celeste;
en un panorama tórrido y agreste,
hundida en medio de un verdor imposible,
retoza alegre una pareja increíble.

Él, apenas un viandante,
ella, toda de serenata,
en ese país de hojalata
se entremezclan dos amantes.

Así estalla el fúlgido amor palpitante,
quijotesco, heroico, alegre y natural,
forjándose un orbe totalmente virtual
alrededor de la pareja elegante.

Después, andando mano en mano,
se dirigen hacia la aurora,
alejándose sin demora
de todo lo ajeno y mundano.

Y qué cabalgan una estrella;
cuando otra pareja fragante
explota en amor trepidante,
consumando nueva epopeya.

Cuando yo muera.

No llores por mi ausencia de quimera;
entiérrame mejor en la colina,
debajo de la más frondosa encina,
amor, cuando; finalmente, yo muera.

Conversaré con pájaros y monos,
con loros, guacamayos y tucanes,
con flores de apamate y sebucanes;
también con esta aurora de albos tonos.

Leeré todos los versos, de las ramas
que cuelgan del bordado orbe celeste:
serán; de mis pasiones, nuevas llamas.

Será el más melodioso canto agreste
aquél que llegue a mí desde allí afuera
y no me aburriré cuando me muera.

Carta a ella (cosas del amor)

Te escribo esta carta que jamás leerás,
en estas líneas solitarias y desérticas
en que se hunde mi alma por tu ausencia
depongo el último hálito de vida
de un amor despedazado,
vapuleado,
flagelado,
desangrado
hasta la mismísima muerte.

Te escribo estos versos que jamás hallarás,
pues son como hoja al viento
en fuego huracanado,
como rama a la deriva
en medio de un océano de vastas veleidades,

recito mi dilema
por medio de un poema
tan triste y conmovido
cual náufrago perdido.

Yo sé que me has amado
incluso que has llorado,
pero ya ves que ahora
abrazo soledades
y mientras vanidades
exhibes en otro lecho.
Por eso me apertrecho
de estrofas tan inútiles
como éste... mi dolor.

Son cosas del amor.

Canción de cuna.

Duérmete angelito, pedazo de estrella
duerme sabrosito que la noche es bella,
que los ruiseñores por ti trinarán
y todas las flores te saludarán.

Duérmete bebito(a), duerme mi ilusión
sueña comiquitas, sueña una canción
sueña con los ángeles y con nuestro amor
sueña con el cielo, con Nuestro Señor.

Para que mañana podamos jugar
es que necesitas ahora descansar
duérmete bebito(a), pedazo de estrella

duerme entre los brazos de tu madre bella
mientras tu papá canta esta canción
con todo el cariño de su corazón.

Aunque solo seamos amigos.

Una sonrisa amena
vale la pena...
una caricia sincera
una llamada devota
la musicalidad de una sola nota
y el sabor agreste de las peras.


La clandestinidad de tu insipiente desbocada,
la complicidad de tu seno en mi mirada
y una danza desenfrenada
en medio de la nada
valen la pena...


El recorrido audaz de mis manos en tu piel
y ese extraño sabor a miel
que reencuentro en tus palabras
de abracadabras
valen la pena...


La vida es más amena
si la comparto contigo
aunque solo seamos amigos...

Arrebólame

Ojos claros, piel canela,
en tu alma está mi vela,
en tu vulva está mi puerto
esté vivo o esté muerto.

Labios rojos, piel de seda,
que tu amor hoy me conceda
ese beso, que edulcora
la amargura que me aflora.

Manos lindas, piel de aurora,
arrebola sin demora
esta frente blanquecina
en la cama o la cocina.

Amor herido.

Te avizoro en la lesa esperanza
de oler tu cabello arracimado,
un amor se encuentra constipado
por la culpa de una vieja andanza.

Ha sido herida nuestra confianza,
ha sido nuevamente dañada
la fe que me tenías; amada,
por dudas que mellan nuestra alianza.

Concuerdo, no queda una alabanza
que frene este silencio destructor
o calme esta sed que me devora.

Ha sido carcomido nuestro amor,
golpeado por recuerdo en justa mora
que se revigoriza sólo ahora.

Amor esquivo.

Arrebolo tu rostro blanquecino
con caricia foránea y extranjera,
me abrazo; muy valiente, hacia la vera
de tu cuerpo solemne y concubino.

Un gesto vago, arisco, y asesino,
destroza mi interés y mi premura;
por eso intento asirme a la escultura
que yace adormilada en tu destino.

Asumo que este amor; que me encamino,
no tiene otro final que un desenlace
adusto, prepotente, un tanto esquivo.

Por eso ya no espero que mi sino
me done; de tu boca, otro enlace
que este beso amargo del que me privo.

Amor burlesco.

Entre los nogales y avellanos,
tu sombra y tu respiro
llamearon en mi alma
como sueños de centellas improbables.

Entre los almendros y cerezos,
tu aliento y tu silencio
destituyeron toda calma
como cuentos de leyendas insondables.

Pero fue entre páramos
vestidos de frailejón,
donde tu recuerdo apabulló el presente
definitivamente.

Amor burlesco
al fin desnudas tu costado,
al fin tu sangre me rocía
de miedos y esperanzas y talentos
adormecidos
prohibidos
desinhibidos...

Amar el amor.

Amar el amor
antes que a la amante
para así amarla mejor.

Amar el amor
antes que a los hijos,
antes que a los padres,
antes que a Dios mismo,
para hacer del sentimiento
código perpetuo de conducta,
esmero solidario,
razón primera y última
de vida
sin medida.

Amar el amor
porque amor con amor se paga,
sin más motivo que el deseo de amar
fielmente,
totalmente,
infinitamente,
eternamente.....

Amar de mal de amores.

Amar de mal de amores,
amar tiempos mejores,
amando sin medida
las cosas de la vida.

Amar con tal premura
que hasta el viento calla,
amar como un canalla:
amor que no perdura.

Amar embelesado
con tal ensoñación
que solo el corazón

anuncia al ser amado.
Amar con la inocencia
carente de conciencia.

Alma gitana y guerrera.

Alma gitana y guerrera
de mujer enamorada,
entrégate en la explanada
que asciende hasta la vera

de ese amor que nunca espera;
del amor que presto parte
y caricias no reparte
si te arredras, insincera.

Mujer que buscas querella
y te obstina la batalla,
concédete suavemente

al amor que en ti destella,
y mientras tu furia calla
abrázame eternamente.

Adiós irrepetible.

Galaxias despuntando de tus manos;
anuncian nueva era,
abundando de regalos cósmicos
en cada caricia, en cada abrazo.

Guardaré en tu boca de alcancía
mi más preciado beso,
a la espera de tu regreso
inevitable.

Un manto de océano estelar
cubrirá nuestro dormitar sereno
a través de tus ojos de inmensidades.

Y las calamidades
huirán despavoridas
ante tu aliento de fuego y brasa.

Ya toda duda crepita y se abrasa
en los versos de tu adiós irrepetible.
Serás el triunfo indetenible
de esa victoria tan ansiada
en los confines de la nada...

Serás el reencuentro impostergable,
de un romance sincero e incansable,
de por vida...
para toda la vida.

A mi difunto padre

Recuerdo con cierta nostalgia
mis enteros y largos días
pasados frente al plateado golfo,
dejando que los vientos polares
zurcieran mis heridas como diestros cirujanos.



Recuerdo la Nápoles milenaria,
síntesis de una gloriosa Italia
que representa todos los sentimientos humanos;
calma y tormenta, paz y rebelión,
serenidad y tempestad, amor y odio,
nostalgia de un pasado fantasma,
seguridad de un futuro por venir,
pasiones, emociones, dementes locuras,
apacibles jornadas en los campos de nueces,
de vid, de melocotones, los frutos de la tierra,
cosecha del arduo trabajo de manos callosas,
rodillas al suelo y rostros sonrientes.



Y la simpleza de la gente,
y su tristeza que desmiente
su antifaz, lo dulce de la vida
y una alegría que enciende
las noches de júbilo y dicha.

¡Ah italianos!, ¿sois poetas o aventureros?
¿Sois románticos, sentimentales
o gélidos como bloques de hielo?


Sois el corazón del mundo
y de todos los sentidos
y de todas las profecías.
Sucumbe el imperio Romano
y surge de sus cenizas, el Vaticano...

El italiano; enterrado en deudas y dolores,
resurge de la nada y crece y crece y crece
¡El italiano enflaca pero nunca muere!...


Y tú, padre italiano, que descansas detrás del umbral de la vida,
observa mi pasado y contempla mi presente,
comprende mis errores y alaba mis victorias
desde allá... ¡por favor!
Déjame pedirte un último deseo, a ti que me has dado la vida.

Permite que la luz centelleante de tus ojos azules
aclare mi camino, me conduzca a la riqueza espiritual,
a la verdadera dicha, a la serenidad en las orillas del alma,
al amor que tanto profesaste.



Dame tus virtudes terrenas para que mi alma se regocije en ellas
y que la mirada marina que te honra
me acompañe hasta el fin de mis días
y que la voz segura que te anima
dé consejos siempre a mis toscos oídos
y que la marcha erguida que te agracia
guíe mis pasos hacia el bien.



Dios, tú que todo lo puedes,

tú que todo lo sabes,
tú que todo lo ves,
ten por favor a mi padre
niño adulto, en tu gloria...

Hosanna...


Padre nuestro que estás en los cielos...

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